Batey Hato Viejo: cuando vivir debajo de un techo es una amenaza a la vida

Por Adalberto de la Rosa

San Antonio de Guerra. Mirar hacia el techo, ver caer pedazos de concreto y varillas desgastadas es sentir una amenaza a la vida en las deterioradas casas que conforman el batey del Distrito Municipal Hato Viejo 3 de esge

Aquí las inclemencias del tiempo son evidentes, no solo en la vieja edificación construida durante la época de Rafael Leónidas Trujillo, sino también en el desgastado y agotado rostro de sus ocupantes. Unas 40 familias entre dominicanos y haitianos conviven en condiciones de hacinamiento.

Partes de los techos se han derrumbado y otros lo hacen paulatinamente y, aunque han emitido la voz de alerta por diversas vías ante las autoridades competentes, la respuesta siempre ha sido la indiferencia y el silencio.

Teodoro Castillo tiene 58 años y nació en uno de los barracones, próximo al Distrito Municipal Gautier, en la carretera Mella que conduce a San Pedro de Macorís y nunca ha visto a ninguna autoridad acudir al lugar a darle mantenimiento ni a reparar las viviendas.

Cuenta que han vivido sin las más mínimas condiciones de dignidad durante años junto a sus hijos y afirma que “por un milagro”, no ha ocurrido una desgracia en el lugar, de hecho algunas habitaciones están desocupadas por las malas condiciones de la edificación. “Aquí nadie viene, nosotros vivimos aquí abandonados, sin condiciones para vivir como la gente”, dice indignado.

Grecia Martínez informa que cuando llueve tiene que poner pedazos de plásticos o lonas para evitar que el agua les caiga encima y que viven con temor porque en cualquier momento el techo de las viviendas les puede caer encima.

Aunque el síndico Roberto Puente conoce la situación, no ha hecho más que promesas de solución a un problema que cada vez es más grave. “Si tiembla la tierra todo esto nos va a caer encima, todo eso está podrido, mire eso como está”, dice mientras señala parte del techo de su casa.

Pero el problema del batey no es solo las peligrosas condiciones de las viviendas, sus ocupantes también carecen de los servicios elementales para vivir, como agua potable y cuando llueve el río Brujuelas sale por el lugar e inunda todo el poblado, obligando a la gente a salir despavoridos en busca de refugio.

Santa Eduard dice que tiene más de la mitad de su vida en el lugar y atribuye muchos de sus males de salud a las malas condiciones en que vive sin que nadie se interese por mejorar sus condiciones. “Aquí parí yo mi primer hijo, nunca he salido de aquí, yo estoy enferma de la presión, pero no me queda de otra que vivir con este peligro”, indica la anciana.

Indira Castro es una joven que relata la situación de sus contemporáneos al indicar que no cuentan con nada, no hay escuelas, ni centros de recreación, solo un parquecito donde la gente se sienta a ver pasar los vehículos por la carretera. “Aquí necesitamos escuelas, centros de internet, canchas y otros espacios para recrearnos”. dijo.

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