Los mosquitos puyan

Hoy Digital

Por Sergio Sarita Valdez

Terminando los años ochenta del recién pasado siglo nuestro compositor Luis Díaz en 1989 nos regalaba un pimentoso merengue, con el arreglo del maestro Juan Valdez y con la voz juvenil de Kaki Vargas, titulado Los Mosquitos Puyan.

Decía en su primera estrofa: “No funciona el abanico,/ tampoco el televisor,/ no puedo abrazar mi mami,/ con el bendito calor/ Y los mosquitos puyan, puyan”. La tanda de apagones volvían odioso al gobierno reformista de turno, lo que, aunado a la escasez de combustible, hacía cada vez más atractiva la opción electoral del Partido de la Liberación Dominicana liderado por Juan Bosch. Toda una generación ha sucumbido; y sin embargo, veinticinco años después todavía los mosquitos puyan, pero con una gran diferencia y es que aparte del dengue ahora también nos transmiten otras enfermedades como son la Chikungunya y el Zika.

Esta última infección viral caracterizada por fiebre, sarpullido, malestar general y conjuntivitis, ha sido confirmada en Paraguay, Brasil, Colombia, Venezuela, Surinam, Panamá, El Salvador, Honduras, Guatemala y México.

El insecto vector de las actuales epidemias es favorecido en su reproducción por el cambio climático, secuela del calentamiento global en progreso. En la reunión de Presidentes de Centroamérica y República Dominicana, celebrada en San Salvador el 18 de diciembre de 2015, los Jefes de Estado acordaron en el Sistema de Integración Centroamericano, SICA, impulsar acciones en búsqueda de apoyo para enfrentar el fenómeno atmosférico como una real amenaza a la vida en el planeta.

Igualmente convinieron mejorar la seguridad ciudadana y el transporte regional, así como impulsar el comercio y la competitividad.

Otro mosquito electoral picó en la Argentina y en Venezuela, llevándose de paso el gobierno de los Kirchner, y dándole mayoría absoluta en la Asamblea del Congreso a la oposición venezolana. Mientras tanto en la amada Quisqueya los zancudos puyan y puyan a medida que se acerca mayo del 2016.

Los estudiosos de la historia no se asombran cuando sobrevienen los cambios durante las crisis sociales, especialmente cuando el hambre y la miseria golpean los hogares de los desamparados de siempre. El circo y el teatro entretienen un rato, pero cuando llega la hora de retornar a la realidad la cosa es diferente. Aún tenemos muchos y serios problemas a enfrentar y resolver, amén de los nuevos que surgen cada día. Aprendamos del Frankenstein de Mary Shelley, ese monstruo violento, ávido de sangre, el cual terminará por devorarnos. Retomemos el sendero que nos trazara don Juan. Sirvamos al pueblo, Quien no vive para servir, no sirve para vivir. Oigamos las quejas populares y respondamos positivamente a las mismas.

La gente está atemorizada, tenemos bastante desempleo y la canasta familiar anda por las nubes. Poca gente está satisfecha; no nos engañemos.

Aún estamos a tiempo de resucitar el proyecto duartiano de nación. Abracemos la causa de los humildes que son mayoría, trabajemos para mitigar sus dolores y quebrantos, ayudemos a multiplicar y repartir el pan de cada día y prestemos oído al sentir de la población.

Mientras tanto, en lo que el hacha va y viene, repíteme el merengue Kaki: “No funciona el abanico,/ tampoco el televisor,/ no puedo abrazar mi mami,/ con el bendito calor/ Y los mosquitos puyan, puyan”.

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